Inicia todo con la fuga de una sierva desgraciada en la vida, en busca de la adoración de otro cuerpo.
En su escape, converge frente a ella tu majestuosa silueta que emana afecto y seguridad.
Sucumben sus rodillas en tu figura, y con la ternura que te envuelve,
levantas a esa criatura que muere por ti, para ayudarla a sanar esas heridas
que la historia ha propiciado en su delicada complexión de mujer.
El azúcar de tu mirada penetra su ser,
y deshace los lagos de amargura que hay en su corazón.
Pero una vez más vuelve ella, inocente e ilusa,
a ser subyugada y sujeta al cautiverio amenazante de sus superiores,
donde es azotada diariamente por vocablos esputados de eruditas bocas,
preocupadas no de enseñar sino de controlar
hasta la más mínima oscilación que se produzca sin su anuencia.
Vacilante menos cada día de lo que ambiciona,
asimila la idiosincrasia que cotidianamente la acosa en el presidio que la mantienen.
La conflagración inicia y tú le sirves de cimiento a la criatura,
que combate a quienes la martirizan desde que tiene reparo de la vida.
Combate por lo que cree, por lo que siente,
y por todos aquellos pensamientos que la hacen ser lo que es.
Tu la impulsas sin saber, a abrirse y a desarrollar el poder que tiene,
para así poder ser los mayores seres de una dimensión alejada y adecuada,
una dimensión donde todo es permitido,
y por primera vez, amarse sin ataduras, sin restricciones y sin intervenciones.
En su escape, converge frente a ella tu majestuosa silueta que emana afecto y seguridad.
Sucumben sus rodillas en tu figura, y con la ternura que te envuelve,
levantas a esa criatura que muere por ti, para ayudarla a sanar esas heridas
que la historia ha propiciado en su delicada complexión de mujer.
El azúcar de tu mirada penetra su ser,
y deshace los lagos de amargura que hay en su corazón.
Pero una vez más vuelve ella, inocente e ilusa,
a ser subyugada y sujeta al cautiverio amenazante de sus superiores,
donde es azotada diariamente por vocablos esputados de eruditas bocas,
preocupadas no de enseñar sino de controlar
hasta la más mínima oscilación que se produzca sin su anuencia.
Vacilante menos cada día de lo que ambiciona,
asimila la idiosincrasia que cotidianamente la acosa en el presidio que la mantienen.
La conflagración inicia y tú le sirves de cimiento a la criatura,
que combate a quienes la martirizan desde que tiene reparo de la vida.
Combate por lo que cree, por lo que siente,
y por todos aquellos pensamientos que la hacen ser lo que es.
Tu la impulsas sin saber, a abrirse y a desarrollar el poder que tiene,
para así poder ser los mayores seres de una dimensión alejada y adecuada,
una dimensión donde todo es permitido,
y por primera vez, amarse sin ataduras, sin restricciones y sin intervenciones.
1 comentario:
Ya tienes un fan :)
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